Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for julio 2007

ABUELOS…..

osos-blog-29-7.jpg

¿Cómo definirías a tus abuelos? ¿Cuándo eras chico, que eran tus abuelos para vos? ¿Los visitabas algunos domingos a la tarde o eras compinche con ellos y estabas siempre en su casa? ¿Los hermanos de tus abuelos (tíos abuelos), eran copados o solo los veías en las fiestas o en algún cumpleaños?

Viernes por la noche (hace mucho tiempo, 27 años para ser exacto, lo cual es mucho tiempo en serio, ahora que me pongo a revisar los números). 

         Ma me quiero ir a la casa de la abuela Elsa.

         Bueno, ahora te llevo.

Resultaba que la salida del viernes desde casa, hacía la casa de la abuela era un viaje sin retorno, o por lo menos con un retorno los domingos a la noche. Donde pasábamos demasiado tiempo en la calle y jugando a todo aquello que podíamos. Con todos aquellos amigos que vivían en la misma cuadra.

El viernes por la noche era común la pizza casera, el nono se ponía el delantal amarillo o cuadriculado, y se dedicaba a amasar para toda la familia. La nona hacía la salsa de tomate y cortaba el queso mantecoso (nada muzzarella, la pizza era con queso mantecoso).

De postre siempre o casi siempre, unas mandarinas pelada por el abuelo, que repartía de manera equitativa (3 gajos para él, uno para mi y uno para Maxi). Después el patrón decidía si había café o té. Pero también antes de dormir, podíamos tomar alguna que otra bebida alcohólica (Legui o Ponche Capitán de Castilla).

Luego a dormir, cada uno a su pieza y sin hacer muchos problemas. El tema era ir a dormir temprano, para levantarnos temprano también, para disfrutar de todo el sábado. Y el sábado era despertarse tipo 9 hs, desayunar un Nesquik con muchas galletitas, para llegar sin problemas hasta el mediodía y salíamos a la calle a jugar.  Nunca se sabía que íbamos a hacer, desde andar en bicicleta hasta ir hasta el río a jugar o pescar. Ir a la plaza del barrio o andar en skate.

Quizás eso no era lo importante (el que hacer, sino como hacerlo y donde).  Pero era fijo, a las 18 hs, había que estar en Rosales y Roma, esperando que apareciera la Tía Abuela Marta, que venía caminando desde Libertador cuando se bajaba del colectivo 168. Y era salir corriendo a buscarla una vez que divisábamos la figura a la distancia.

A veces hacíamos trampa y la esperábamos en la parada del colectivo (y empezábamos el fin de semana, con un reto, justificado pero que a nosotros no nos importaba).  Seguíamos los fines de semana con los 3 abuelos, haciendo cosas como cocinar, jugar o ver determinados programas en la televisión y dormíamos juntos con mi tía. Esos momentos se extendían hasta el domingo a la tarde, cuando la Tía volvía a su casa y mis viejos nos venían a buscar, para llevarnos a casa, donde empezábamos de nuevo la semana, esperando con mucha impaciencia la llegada del viernes. Para volver a empezar los fines de semana.

 ¿Por qué surgió este post?

Porque el jueves de esta semana, mis 2 hijos se fueron a dormir a la casa de sus abuelos, por primera vez los dos juntos. Porque estuvieron felices de irse. Porque mi señora y yo, estabamos esperando un llamado a las 2 AM diciendo que Miki estaba queriéndose volver a casa.

Pero nunca llegó ese llamado. Y no fue que volvieron a la mañana siguiente diciendo que nos extrañaban y que estaban felices de volver a vernos. No, al otro día se fueron al Planetario con sus abuelos y con sus primos, a disfrutar de los patos y de todo lo demás que está por allí.

Estoy seguro que sus abuelos disfrutan de cada momento con ellos, que los malcrían a mas no poder, que les dicen a todo que sí y que tratan de sacarles esa energía positiva que solo los niños inocentes irradian.

Pero por sobre todas las cosas, estoy feliz porque mis hijos tendrán lo mismo que tuve yo cuando fui chico. El amor incondicional de mis abuelos, ese amor que hace que cuando crezcas los valores y los cuides. Ese amor que te hace extrañarlos cuando no están, pero que te acordas de cada momento que viviste con ellos. 

Porque aprenden de esas personas que no solo me criaron como soy ahora, sino que le van a inculcar los mismos valores a los que son mis descendencia y que son tan de ellos como míos.  Para mi dejarlos criar a mis hijos, es una forma de agradecerles mi crianza, pero también de demostrarles que quiero que mis hijos tengan esos valores que hacen que uno sea la persona que es.

Gracias por cuidarlos, amarlos, quererlos, enseñarles, respetarlos, corregirlos y por sobre todas las cosas malcriarlos. Ellos se acordaran de esto, y me permitirán cuidar a sus hijos y criarlos, de la misma manera que ustedes cuidan y crían a los míos.

“….Al camino que elegí, yo no sé quien me llevó, si las vueltas de la vida y si las vueltas las dí yo……” 

Gonzalo    

Read Full Post »

 fontanarrosa.jpg

¿Si lo hubiera conocido personalmente, cambiaria algo? ¿Dejaría de pensar que era una buena persona? ¿Cuando todos hablan bien de alguien debe ser así no?

Lo conocí personalmente. Lo cruce en Rosario, en una feria de la colectividades, estaba con su hijo, y estabamos cerca del monumento a la bandera.

Solo le dije. – Gracias Maestro. Gracias por las risas, por los buenos momentos y por la enseñanzas. Sin mas, me despedí y seguí caminando.

Después descubrí sus cuentos, sus novelas y sus relatos.

Y cuando me enteré de su enfermedad hace 2 años, me puse triste. El jueves cuando me llegó el mensaje de mi hermano al celular, de que había muerto.

Se me cayó una lagrima.

Todo el mundo habla bien, por algo debe ser.

Yo por mi parte, te agradezco por lo momentos de lectura y por las risas.

Muchas Gracias.

Gonzalo

Para los que nunca leyeron un cuento de Fontanarrosa, les dejo uno de los que para mí, es de los mejores.

19 de Diciembre 1971 (Partido Newells – Central, cancha de River semifinal del nacional).

Sí yo sé que ahora hay quienes dicen que fuimos unos hijos de puta por lo que hicimos con el viejo Casale, yo sé. Nunca falta gente así. Pero ahora es fácil decirlo, ahora es fácil. Pero habla que estar esos días en Rosario para entender el fato, mi viejo, que hablar al pedo ahora habla cualquiera.
Yo no sé si vos te acordás lo que era Rosario en esos días anteriores al partido. ¡Y qué te digo “esos días”! ¡Desde semanas antes ya se venía hablando, del partido y la ciudad era una caldera, porque eso era lo que era la ciudad! Claro, los que ahora hablan son esos turros que después vos los veías por la calle gritando y saltando como unos desgraciados, festejando en pedo a los gritos y después ahora te salen con que son… ¿qué son?… moralistas… ¿De qué se la tiran, hijos de mil putas? Ahora son todos piolas, es muy fácil hablar. Pero si vos vieras lo que era la ciudad en esos días, hennano, prendías un fósforo y volaba todo a la mierda. No se hablaba de otra cosa en los boliches, en la calle, en cualquier parte. Saltaban chispas, te aseguro. Y la cosa arrancó con el fato de las cábalas. O mejor dicho, de los maleficios.
—Hay que entender que no era un partido cualquiera, hermano, era una final final. Porque si bien era una semifinal, el que ganaba después venía a jugar a Rosario y le rompía el culo a cualquiera. Fuera Central como Ñul, acá le hacía la fiesta a cualquiera. ¡Y cómo estaban los lepra! ¡Eso, eso tendrían que acordarse ahora los que hablan al reverendo pedo y nos vienen a romper las pelotas con el asunto del viejo Casale! ¿No se acuerdan esos turros cómo estaban los lepra? ¿No se acuerdan ahora, mi viejo? Había que aguantarlos porque se corrían una fija, pero una fija se corrían, hermano, que hasta creo que se pensaban que nos iban a llenar la canasta. No que sólo nos iban a hacer la colita sino que además nos iban a meter cinco, en el Monumental y para latelevisión. ¡Pero por qué no se van a la concha de su madre! ¡Qué mierda nos van a hacer cinco esos culosroto! ¡Así se la comieron doblada! ¡Qué pija que tienen desde ese día y no se la pueden sacar!
Pero la verdad, la verdad, hermano, con una mano en el corazón, que tenían un equipazo, pero un equipazo, de padre y señor mío.
Hay que reconocerlo. Porque jugaban que daba gusto, el buen toque y te abrochaban bien abrochado. Estaba Zanabria, el Marito Zanabria; el Mono Obberti ¡Dios querido, el Mono Obberti, qué jugador! Silva el que era de Lanús, el albañil. ¡Montes! Montes de cinco; Santamaría el Cucurucho Santamaría, qué sé yo, era un equipazo, un equipazo hay que reconocer, y la lepra se corría una fija. ¿Sabés cuántos había en la ruta a Buenos Aires, el día del partido? Yo no sé, eran miles, millones, yo no sé de dónde habían salido tantos leprosos. Si son cuatro locos y de golpe, para ese partido, aparecieron como hormigas los desgraciados. Todos fueron. ¡Lo que era esa ruta, papito querido! Entonces, oíme, había que recurrir a cualquier cosa. Hay partidos que no podés perder, tenés que ganar o ganar. No hay tutía. Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que había que hacer cagar al presidente Kennedy, me daba lo mismo, hermano. Hay partidos que no se pueden perder. ¿Y qué? ¿Te vas a dejar basurear por estos soretes para que te refrieguen después la bandera por la jeta toda la vida? No, mi viejo. Entonces, ahí, hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo ¿viste? tu vieja, por ejemplo, que por ahí sos capaz hasta de ir a la iglesia ¿viste? Y te digo, yo esa vez no fui a la iglesia, no fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos, que si no… te aseguro que me confesaba y todo si servía para algo. Pero con los muchachos enganchamos con la cuestión de las brujerías, de la ruda macho, de enterrar un sapo detrás del arco de Fenoy, de tirar sal en la puerta de los jugadores de Ñubel y de todas esas cosas que siempre se habla. Por supuesto que todas las brujas del barrio ya estaban laburando en la cosa y había muñecos con camiseta de Ñubel clavados con alfileres, maldiciones pedidas por teléfono y hasta mi vieja que no manya mucho del asunto tenía un pañuelo atado desde hacía como diez días, de ésos de “Pilato, Pilato, si no gana Central en River no te desato”. Después la vieja decía que habíamos ganado por ella, pobre vieja, si hubiera sabido lo del viejo Casale, pero yo le decía que sí para no desilusionarla a la vieja.
Pero todo el fato de la ruda macho y el sapo de atrás del arco eran, qué sé yo, cosas muy generales, ya había tipos que lo estaban haciendo y además, el partido era en el Monumental y no te vas a meter en la pista olímpica a enterrar un sapo porque vas en cana con treinta cadenas y no te saca ni Dios después, hermano. Entonces, me acuerdo que empezamos con la cosa de las cábalas personales. Porque me acuerdo que estábamos en el boliche de Pedro y veníamos hablando de eso. Entonces, por ejemplo, resolvimos que a Buenos Aires íbamos a ir en el auto del Dani porque era el auto con el que habíamos ido una vez a La Plata en un partido contra Estudiantes y que habíamos ganado dos a cero. Yo iba a llevar, por supuesto, el gorrito que venía llevando a la cancha todos los últimos partidos y no me había fallado nunca el gorrito. A ése lo iba a llevar, era un gorrito milagroso ése.El Coqui iba a ir con el reloj cambiando de lugar, o sea en la muñeca derecha y no en la izquierda, porque en un partido contra no sé quién se lo había cambiado en el medio tiempo porque íbamos perdiendo y con eso empatamos.o sea, todo el mundo repasó todas las cábalas posibles como para ir bien de bien y no dejar ningún detalle suelto. te digo más, estuvimos parados en la tribuna en el partido contra Atlanta para pararnos de la misma manera en el partido contra la lepra el boludo de michi decía que él había estado detrás del Valija y el Miguelito porfiaba que el que había estado detrás del Valija era él. Mirá vos, hasta eso estudiamos antes del partido, para que veas cómo venía la mano en esos días. ¿Y sabés qué te lleva a eso, hermano, sabés qué te lleva a eso? El cagazo, hermano, el cagazo, el cagazo te lleva a hacer cualquier cosa, como lo que hicimos con el viejo Casale.
Porque si llegábamos a perder, mamita querida, nos teníamos que ir de la ciudad, mi viejo, nos teníamos que refugiar en el extranjero, te juro, no podíamos volver nunca más acá. Íbamos a perecer

esos refugiados camboyanos que se tomaron el piro en una balsa. Te juro que si perdíamos nosotros agarrábamos el “Ciudad de Rosario” y por acá, por el Paraná, nos teníamos que ir todos, millones de canallas, no sé, a Diamante, a Perú, a Cuzco, a la concha de su madre, pero acá no se iba a poder vivir nunca más con la cargada de los leprosos putos, mí viejo. Ya el Miguelito había dicho bien claro que él se la daba, que si perdíamos agarraba un bufo y se volaba la sabiola y te digo que el Miguelito es capaz de eso y mucho más porque es loco el Miguelito, así que había que creerle. O hacerse puto, no sé quién había comentado la posibilidad de hacerse trolo y a otra cosa mariposa, darle a las plumas y salir vestido de loca por Pellegrini y no volver nunca más a la casa. Pero, te digo, nadie quería ni siquiera sentir hablar de esa Posibilidad. Ni se nombraba la palabra “derrota”.
Era como cuando se habla del cáncer, hermano. Vos ves que por ahí te dicen “la papa”, o “tiene otra cosa”, “algo malo”, pero el cangrejo, mi viejo, no te lo nombra nadie. Y ahí fue cuando sale a relucir lo del viejo Casale. El viejo Casale era el viejo del Cabezón Casale, un pibe que siempre venía al boliche y que durante años vino a la cancha con nosotros pero que ya para ese entonces se había ido a vivir al norte, a Salta creo, lo vi hace poco por acá, que estaba de paso. Y ahí fue que nos acordamos de que un día, en la casa del Cabezón, el viejo había dicho que él nunca, pero nunca, lo había visto perder a Central contra Ñul. Me acuerdo que nos había impresionado porque ese tipo era un privilegiado del destino. Aunque al principio vos te preguntas, “¿Cómo carajo hizo este tipo pata no verlo perder nunca a Central contra Ñul? ¿Qué mierda hizo? Este coso no va nunca a la cancha”. Porque, oíme alguna vez lo tuviste que ver perder, a menos que no vayás a. los clásicos. Y ojo que yo conozco muchos así, que se borran bien borrados de los clásicos. O que van en Arroyito, pero que a la cancha del Parque no van en la puta vida. Y me acuerdo que le preguntarlos eso al viejo y el viejo nos dijo que no, y nos explicó. El iba siempre, un fana de Central que ni te cuento, pero se había dado, qué sé yo, una serie de casualidades que hicieron que en un montón de partidos con Ñul él no pudiera ir por un montón de causas que ni me acuerdo. Que estaba de viaje por Misiones —el viejo era comisionista—; que ese día se había torcido un tobillo y no podía caminar, que estaba engripado, que le dolía un huevo, qué sé yo, en fin, la verdad, hermano— que el viejo la posta posta era que nunca le había tocado ver un partido en que la lepra nos hubiera roto el orto. Era un privilegiado el viejo y además, un talismán, querido, porque así como hay tipos mufa que te hacen perder partidos adonde vayan, hay otros que si vos los llevás es número puesto que tu equipo gana. No es joda. Y el viejo Casale era uno de éstos, de los ojetudos.
Entonces ahí nos dijimos “Este viejo tiene que estar en el Monumental contra Ñubel. No puede ser de otra forma. Tiene que estar”… Claro, dijimos, seguro que va a estar, si es fana de Central, canalla a muerte. Pero nos agarró como la duda viste? porque nosotros no era que lo veíamos todos los días al viejo, te digo más, desde que el Cabezón se había ido al norte a laburar, al viejo de él no lo habíamos vuelto a ver ni en la cancha, ni en la calle ni en ninguna parte. Además, el viejo ya estaba bastante veterano porque debía tener como ochenta pirulos por ese entonces. Bah, en realidad ochenta no, pero sus sesenta, sesenta y cinco años los tenía por debajo de las patas.
Entonces, con el Valija, el Colorado y el Miguelito decimos “vamos a la casa del viejo a asegurarnos que va y si no va lo llevamos atado”. Porque también podía ser que el viejo no fuera porque no tuviera guita, qué sé yo. Nosotros ya habíamos pensado en hacer una rifa a beneficio, una kermesse, cualquier cosa. El viejo tenía que ir, era una bandera, un cheque al portador.
La cuestión es que vamos a la casa y… ¿a qué no sabés con lo que nos sale el viejo? Que andaba mal del bobo y que el médico le había prohibido terminantemente ir a la cancha, mirá vos. Nos sale con eso. Que no. Que había tenido un infarto en no sé qué partido, en un partido de mierda después que una pelota pegó en un palo, que había estado muerto como media hora y lo habían salvado entre los indios con respiración artificial y masajes en el cuore, que no había clavado la guampa de puro pedo y que le había quedado tal cagazo que no había vuelto a ir a la cancha desde hacía ya, mirá lo que te digo, dos años.
¡Hacía dos años que no iba a la cancha el viejo ese! Y no era sólo que él no quería ir sino que el médico y, por supuesto, la familia, le tenían terminantemente prohibido ir, lógicamente. No sé si no le prohibían incluso escuchar los partidos por radio, no sé si no se lo prohibían, para que no le pateara el bobo, porque parece que el viejo escuchaba un pedo demasiado fuerte y se moría, tan jodido andaba. Vos le hacías ¡Uh! en la cara y el viejo partía. ¡Para qué! Te imaginás nosotros, la desesperación, porque eso era como un presagio, un anuncio del infierno, hermano, era un preanuncio de que nos iban a hacer cagar en Buenos Aires, mi viejo. Entonces empezamos a tratar de hacerle la croqueta al viejo, a convencerlo, a decirle “Pero mire, don Casale, usted tiene que estar, es una cita de honor. ¡Qué va a estar mal usted del cuore, si se lo ve cero kilómetro! Vamos, don Casale —me acuerdo que lo jodía Miguelito— ¿cuántos polvos se echa por día? usted está hecho un toro”. Pero el viejo, ni mierda, en la suya. Que no y que no.
Le decíamos que el partido iba a ser una joda, que Ñubel tenía un equipo de mierda y que ya a los quince minutos íbamos a estar tres a cero arriba, que el partido era una mera formalidad, que el gobierno ya había decidido que tenía que ganar Central para hacer feliz a mayor cantidad de gente. No sé, no sé la cantidad de boludeces que le dijimos al viejo para convencerlo. Pero el viejo nada, una piedra el hijo de puta. Para colmo ya habían empezado a rondar la mujer del viejo, madre del Cabezón, y una hermana del Cabezón, que querían saber qué carajo queríamos decirle nosotros al vicio en esa reunión, porque medio que ya se sospechaban que nosotros no íbamos para nada bueno. En resumen que el viejo nos dijo que no, que ni loco, que ni siquiera sabía si iba apoder resistir la tensión de saber que se jugaba el partido, aun sin escucharlo. Porque el viejo los diarios los leía, tan boludo no era, y sabía cómo venía la mano, cómo era la cosa, cómo formaban los equipos, suplentes, historial, antecedentes, chaquetillas, color, todo. Nos dijo más. “Ese día —nos dijo— bien temprano, antes de que empiecen a pasar los camiones y los ómnibus con la gente yendo para Buenos Aires, yo me voy a la quinta de un hermano mío que vive en Villa Diego”. No quería escuchar ni los bocinazos el viejo. “Me voy tempranito a lo de mi hermano, que a mi hermano le importa un sorete el fútbol, y me paso el día ahí, sin escuchar radio ni nada”. Porque el viejo decía y tenla razón, que si se quedaba en la casa, por más que se encerrara en un ropero, algo iba a oír, algún grito, algún gol, alguna cosa iba a oír, pobre desgraciado, y se iba a quedar ahí mismo seco en el lugar. Así que se iba a ir a radicar en la quinta de ese hermano que tenía, para borrarse del asunto.
Muy bien, muy bien. Te digo que salimos de allí hechos bosta porque veíamos que la cosa venía muy mal. Casi era ya un dato seguro como para decir que éramos boleta. Para colmo, al Valija, el día anterior le había caído una tía del campo y él se acordaba que, en un partido que perdimos con San Lorenzo, esa misma tía le había venido el día antes. Era un presagio funesto el de la tía.
Fue cuando decidimos lo del secuestro. Nos fuimos al boliche y esa noche lo charlamos muy seriamente. El Dani decía que no, que era una barbaridad, que el viejo se nos iba a morir en el viaje, o en la cancha, y después se iba a armar un quilombo que íbamos a terminar todos en cana y que, además, eso sería casi un asesinato. Pero al Dani mucha bola no le dimos porque ha sido siempre un exagerado y más que un exagerado, medio cagón el Dani. Pero nosotros estábamos bien decididos y más que nada por una cosa que dijo el Valija: el viejo estaba diez puntos. Había tenido un infarto, es cierto. Pero hay miles de tipos que han tenido un infarto y vos los ves caminando tranquilamente por la yeca y sin hacer tanto quilombo como este viejo pelotudo, con eso de meterse adentro de un ropero, o no ir a la cancha, o dejar que te rigoree la familia como la esposa y la otra, la hermana del Cabezón. Por otra parte, y vos lo sabés, los médicos son unos turros pero unos turros que se ve que lo querían hacer durar al viejo mil años para sacarle guita, hacerle experimentos y chuparle la sangre. Y además, como decía el Miguelito y eso era cierto, vos lo veías al viejo y estaba fenómeno. Con casi sesenta afios no te digo que parecía un pendejo pero andaba lo más bien. Caminaba, hablaba, se sentaba, qué sé yo, se movía. ¡Chupaba! Porque a nosotros nos convidó con Cinzano y el viejo se mandó su medidita, no te digo un vasazo pero su medidita se mandó. La cosa es que el Miguelito elaboró una teoría que te digo, aún hoy, no me parece descabellada. ¡El viejo era un curro, hermano! Un turrazo que especulaba con el fato del bobo para pasarla bien y no laburarla nunca más en la vida de Dios. Con el sover del bobo no ponía el lomo, lo atendían a cuerpo de rey y —la tenía a la vieja y a la hermana del Cabezón pendientes de él —viviendo como un bacan, el viejo. Y… ¿de qué se privaba? De algún faso; que no sé si no fasearía escondido; y de no ir a—la cancha. Fijate vos, eso era todo. Y vivía como Carolina de Mónaco el otario. Bueno, con ese argumento y lo que dijo el Colorado se resolvió todo.
El Colorado nos habló de los grandes ideales, de nuestra misión frente a la sociedad, de nuestro deber frente a las generaciones posteriores, los pendejos. Nos dijo que si ese partido se perdía, miles y miles de pendejos iban a sufrir las consecuencias. Que, para nosotros y eso era verdad, iba a ser muy duro, pero que nosotros ya estábamos jugados, que habíamos tenido lo nuestro y que, de últimas, teníamos experiencias en malos ratos y fulerías. Pero los pibes, los pendejitos de Central, ésos, iban a tener de por vida una marca en sus vidas que los iba a marcar para siempre, como un fierro caliente. Que las cargadas que iban a recibir esos pibes, esas criaturas, en la escuela, los iban a destrozar, les iban a pudrir el bocho para siempre, iban a ser una o dos generaciones de tipos hechos bolsa, disminuidos ante los leprosos, temerosos de salir a la calle o mostrarse en público. Y eso es verdad, hermano, porque yo me acuerdo lo que eran las cargadas en la escuela primaria, sobre todo.
Yo me acuerdo cuándo perdimos cinco a tres con la lepra en el Parque después de ir ganando dos a cero, cuando se vendió el Colorado Bertoldi, que todavía se estará gastando la guita, y te juro que yo por una semana no me pude levantar de la cama porque no me atrevía a ir a la escuela para no bancarme la cargada de los lepra. Los pibes son muy hijos de puta para la cargada, son muy crueles. ¿No viste cómo descuartizan bichos, que agarran una langosta y le sacan todas las patas? Son unos hijos de puta los pibes en ese sentido. Y lo que decía el Colorado era verdad. Ahora todo el mundo habla de la deuda externa, y bueno, hermano, eso era algo así como lo de la deuda externa, que por la cagada de cuatro reverendos hijos de puta que empeñaron el país, la tenemos que pagar todos y los hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si estaba en nosotros hacer algo para que eso no pasara, había que hacerlo, mi querido. Además, como decía el Colorado, ya no era el problema de la cargada de los pendejos futbolistas, está también el fato del exitismo. Los pibes ven que gana un equipo y se hacen hinchas de ese equipo, son así, casquivanos. Son hinchas del campeón. Entonces, ponele que hubiese ganado Ñubel y… ¡a la mierda! … de ahí en más todos los pibes se hacían de Ñubel, ponele la firma. Y no te vale de nada llevarlos a la cancha, conversarlos, hablarles del Gitano Juárez o el Flaco Menotti, ni comprarles la camiseta de Central apenas nacen. No te vale de nada. Los pendejos ven que sale River campeón y son de River. Son así. Y en ese momento no era como ahora que, mal que mal, vos los llevás al Gigante y los pibes se caen de culo. Entonces, cuando van al chiquero del Parque, por mejor equipo que pueda tener Ñul, los pibes piensan “Yo no puedo ser hincha de esta villa miseria” y se hacen de Central. Porque todo entra por los ojos y vos ves que ahora los pibes por ahí ni siquiera han visto jugar a Central o a Ñul y ya se hacen hinchas de Central por el estadio. Es otra época, los pendejos son más materialistas, yo no sé si es la televisión o qué, pero la cosa es que se van de boca con los edificios.
Entonces la cosa estaba clara, había que secuestrar al viejo Casale, o sino aguantarse que quince, veinte años depués, hoy por ejemplo, la ciudad estuviese llena de lepra sos nacidos después de ese partido, y esto hoy ¿sabés lo que sería? Beirut sería un poroto al lado de esto, hermano te juro.
El que organizó la “Operación Eichmann”, como lo llamamos, fue el Colorado. La llamamos así por ese general aleman, el torturador, que se chorearon de acá una vez los judíos ¿viste? y lo nuestro era más o menos lo mismo. El Colorado es un tipo muy cerebral, que le carbura muy bien el bocho y él organizó todo. El Colorado ya no estaba par ese entonces en la O.C.A.L.. La O.C.A.L., no sé si sabés es una organización de acá, de Rosario, que se llama así porque son iniciales, O.C.A.L “Organización Canalla Anti Lepra”. Son un grupo de ñatos como el Ku-Klux-Klan, más o menos, que se reúnen en reuniones secretas y no sé si no van con capucha y todo a las reuniones, o si queman algún leproso vivo en cada reunión. Mirá yo no sé si es requisito indispensable ser hincha de Central, pero seguro seguro, lo que tenés que hacer es odiar a los lepra. Tenés que odiar más a los lepra que lo que querés a Central.
Hacen reuniones, escriben el libro de actas, piensar maldades contra los lepra, festejan fechas patrias de partidos que les hemos ganado, tienen himnos, son como esos tipos los masones esos, que nadie sabe quiénes son. Andan con antorchas. Bueno, de la O.C.A.L., de la O.C.A.L. al Colorado lo echaron por fanático, con eso te digo todo pero es un bocho el Colorado y él fue el que organizó todo el operativo.
Y te la cuento porque es linda, te la cuento porque es linda, no sé si un día de estos no aparece en el “Selecciones” y todo. Averiguamos qué ómnibus iba para Villa Diego, adonde tenía la quinta el hermano del viejo Casale. Desde donde vivía el viejo, ahí por San Juan al mil cuatro cientos, lo único que lo dejaba en ese entonces, si mal no recuerdo, era el 305 que pasaba por la calle San Luis. O sea que el viejo tenía que tomarlo en San Luis-Paraguay o San Luis-Corrientes, no más allá de eso a menos que fuera muy pelotudo y lo fuera a tomar a Bulevar Oroño que no sé para qué mierda iba a hacer eso. Ahora, la. duda era si el viejo se iba a ir en ómnibus o en auto, porque si se iba en auto nos recagaba, pero nos jugábamos a que se iba a ir en ómnibus porque auto no tenía y seguro que el hermano tampoco tenía porque debía ser un muerto de hambre como él, seguramente. Y te digo que la cosa venía perfecta, porque el viejo nos había dicho que iba a salir bien temprano para no infartarse con las bocinas o sea que nosotros podíamos combinarlo con el horario de salida nuestra para el partido. Porque también nos cagaba si salía a la una de la tarde para Villa Diego porque después ¿cómo llegábamos nosotros a Buenos Aires para la hora del partido con el quilombo que era la ruta y en un ómnibus de línea? Lo más probable es que nos hiciéramos pelota en el camino por ir a los pedos. Y por otra parte, hermano, Villa Diego queda saliendo para Buenos Aires o sea que la cosa estaba clavada, era posta posta.
Después hubo que hablar con los otros muchachos, porqu e convencer al Rulo no nos costó nada, a él le daba lo mismo y, además, le contamos los entretelones del asunto. Te digo que el Colora manejó la cosa como un capo, un maestro. El asunto era así, el Rulo es un fana amigo de Central que tiene un par de ómnibus, está muy bien el Rulo. Y en esa época tenía un par de coches en la línea 305. Fue un ojete así de grande, porque si no teníamos que conseguir otro coche, cambiarle el color, pintarlo, qué sé yo, ponerle el número, un laburo bárbaro. Pero el Rulo tenía dos 305 y con uno de ésos ya tenía pensado pirarse para el Monumental el día del partido y más bien que se llevaba como mil monos que también iban para allá. Lo sacaba de servicio y que se fueran todos a la reputísima madre que los parió, no iba a perderse el partido ese.
Entonces, el Rulo, con los monos arriba Y nosotros, tenía que estar con el ómnibus preparado, el motor en marcha, por España, estacionado. Y el Miguelito se ponía de guardia, tomando un café, justo en un boliche de ahí cerca desde donde veían la puerta de la casa del viejo Casale. Creo que a las cinco, nomás, de la matina, ya estaba el Miguelito apostado en el boliche haciéndose el boludo y junando para la casa del viejo. Te juro que ni los tupamaros hubieran hecho un operativo como ése, hermano. Fue una maravilla.
Apenas vio que salía el viejo con una canastita donde seguro se llevaba algún matambre casero, algo de eso, el pobre viejo, el Miguelito cazó una Vespa que tenía en ese entonces, dio la vuelta a la manzana y nos avisó. Cargó la moto en el ómnibus, en la parte de atrás, detrás de los últimos asientos y nos pusimos en marcha.
Ya les habíamos dicho a tres o cuatro pendejos, de esos quilomberos de la barra, que se hicieran bien los sotas, que no dijeran ni media palabra y se hicieran los que apoliyaban. Nosotros también, para que no nos reconociera el viejo, estábamos en los asientos traseros, haciéndonos los dormido, incluso con la cara tapada con algún pulover, como si nos jodiera la luz, o con algún piloto.
Te digo que el día había amanecido frío y lluvioso, como la otra fecha patria, el 25 de Mayo. Además, el quilombo había sido guardar y esconder todas las banderas, las cornetas, las bolsas con papelitos, los termos, todo eso. Uno de los muchachos llevaba una bandera de la gran puta que medía 52 metros ¡52 metros, loco! Media cuadra de bandera que decía “Empalme Graneros presente” y tuvimos que meterla debajo de un asiento para que el. viejardo no la vichara.
La cosa es que el viejo subió medio dormido y se sentó en uno de los asientos de adelante que ya habíamos dejado libre a propósito para que no viera mucho del ómnibus. Rulo le cobró boleto y todo. Y nadie se hablaba como si no nos conociéramos. Y como el ómnibus iba haciendo el recorrido normal, el viejo iba lo más piola, mirando por la ventanilla. La cuestión es que llegamos a Villa Diego y el viejo tranquilo. Cada tanto, cuando nos pasaba algún auto con banderas en el techo, tocando bocina, el viejo miraba a los que tenía cerca y movía la cabeza como diciendo “¡Mirá vos!”.
Se ve que tenía unas ganas de hablar pero nadie quería darle mucha bola para no pisarse en una de ésas. Así que nos hacíamos todos los dormidos. Parecía que habían tirado un gas adentro de ese ómnibus hermano. Como cuando se muere algún ñato ¿viste? que se queda a apoliyar en el auto con el motor prendido y lo hace cagar el monóxido de carbono, creo. Bueno, así parecía que a nosotros nos había agarrado el monóxido de carbono. Pero, cuando llegamos a Villa Diego, por ahí el viejo se levanta y le dice al Rulo “En la esquina, jefe.”. Y yo no sé qué le dijo el Rulo, algo de que ahí no se podía parar, que estaba cerrado el tráfico, que había que seguir un poco más adelante y el viejo se la comió, pero se quedó paradito al lado de la puerta. Al rato, por supuesto, de nuevo el viejo, “En la esquina”. Ahí ya el Rulo nos miró, porque se le habían acabado los versos. Y ahí, hermano… ¡vos no sabés lo que fue eso! Fue como si nos hubiésemos puesto todos de acuerdo y te juro que ni siquiera lo habíamos hablado. Empezaron los muchachos a desplegar las banderas, a sacar las cornetas y las banderas por la ventana, y a los gritos, hermano, “¡Soy canalla, soy canalla!” por las ventanas.
Pero no para el lado del viejo, el pobre viejo, que la cara que puso no te la puedo describir con palabras, sino para afuera, porque los grones, con lo quilomberos que son, se habían ido aguantando hasta ahí sin gritar ni armar quilombo para no deschavarse con el viejo, pero cuando llegó el momento agarraron las banderas, empezaron a sacar los brazos y golpear las chapas del costado del ómnibus y también el Rulo empezó a seguir el ritmo con la bocina.
¿Viste esas películas de cowboy, cuando los choros van a asaltar una carreta donde parece que no hay nadie, o que la maneja nada más que un par de jovatos y de golpe se abren los costados y aparecen 17.000 soldados que los cagan a tiros? ¿Que levantan la lona y estaban todos adentro haciéndose los sotas? Bueno, ese ómnibus debió ser algo así. De golpe se transfonnó en un quilombo, un escándalo, una de gritos, de bocinazos, cornetas, una joda. ¡Y la gente al lado de la ruta! Porque desde la madrugada ya había gente a los costados de la ruta esperando que pasaran las caravanas de hinchas. Era para llorar, eso, conmovedor, te saludaban, gritaban, levantaban los puños, por ahí algún lepra, a las perdidas, te tiraba un cascotazo… Pero vuelvo al viejo, el viejo, no sabés la caripela que puso. Porque nosotros lo estábamos mirando porque decíamos: éste es el momento crucial. Ahí el viejo o cagaba la fruta, el corazón se le hacía bosta, o salía adelante. El viejo miraba para atrás, a todos los monos que saltaban y cantaban y no lo podía creer. Se volvió a sentar y creo que hasta San Nicolás no volvió a articular palabra. Te digo que el Rábano, el hijo de la Nancy ya se había ofrecido a hacerle respiración boca a boca llegado el caso, que era algo a lo que todos, mal que mal, le habíamos esquivado el bulto porque, qué sé yo, te da un poco de asco, además con un viejo.
Pero mirá, te la hago corta. Mirá, cuando el viejo ya vio que no había arreglo, que no había posibilidad de que lo dejáramos bajar del ómnibus, se entregó, pero se entregó entregó. Porque, al principio, nosotros nos acercamos y nos reputeó, nos dijo que éramos unos irresponsables, unos asesinos, que no teníamos conciencia, que era una,verguenza, qué sé yo todo lo que nos dijo. Pero después, cuando nosotros le dijimos que él estaba perfecto, que estaba hecho un toro, que si se había bancado la sorpresa del ómnibus quería decir que ese cuore se podía bancar cualquier cosa, empezó a tranquilizarse. El Colorado llegó a decirle que todo era una maniobra nuestra para demostrarle que él estaba perfectamente sano y que incluso el médico estaba implicado en la cosa.
Mirá hermano, y creéme porque es la pura verdad ¿qué intención puedo tener en mentirte, hoy por hoy? mucho antes ya de entrar en Buenos Aires ese viejo era el más feliz de los mortales, te lo digo yo y te lo juro por la salud de mis lujos. El viejo cantaba, puteaba, chupaba mate, comía facturas, gritaba por la ventana y a la cancha se bajó envuelto en una bandera. No había, en la hinchada, un tipo más feliz que él. Vino con nosotros a la popu y se bancó toda la espera del partido, que fue más larga que la puta que lo parió y después se bancó el partido. Estaba verde, eso si, y había momentos en que parecía que vos lo pinchabas con un alfiler y reventaba como un sapo, porque yo lo relojeaba a cada momento. Y después del gol del Aldo, yo lo busqué, lo busqué porque fue tal el quilombo y el desparramo cuando el Aldo la mandó adentro que yo ni sé por dónde fuimos a caer entre las avalanchas y los abrazos y los desmayos y esas cosas. Pero después miré para el lado del viejo y lo vi abrazado a un grandote en musculoso casi trepado arriba del grandote, llorando. Y ahí me dije: si éste no se murió aquí, no se muere más. Es inmortal. Y después ni me acordé más del viejo, que lo que alambramos, lo que cortamos clavos, los fierros que cortamos con el upite, hermano, ni te la cuento. Eso no se puede relatar, hermano, porque rezábamos, nos dábamos vueltas, había gente que se sentaba entre todo ese quilombo porque no quería ni mirar. Porque nos cagaron a pelotazos, ya el segundo tiempo era una cosa que la tenían siempre ellos y ¿sabés qué era lo fulero, lo terrible? ¡Qué si nos empataban nos ganaban, hermano, porque ésa es la justa! ¡Nos ganaban esos hijos de puta! ¡Nos empataban, íbamos a un suplementario y ahí nos iban a hacer refocilar el orto porque estaban más enteros y se venían como un malón los guachos! ¡Qué manera de alambrar! Decí que ese día, Dios querido, yo no sé que tenía el flaco Menuttl que sacó cualquier cosa, sacó todo, vos no quieras creer lo que sacó ese día ese flaco enclenque que parecía que se rompía a pedazos en cada centro. Le sacó un cabezazo de pique al suelo a Silva que lo vimos todos adentro, hermano, que era para ir todos en procesión y besarle el culo al flaco ése ¡qué pelota le sacó a Silva! Ahí nos infartamos todos, faltaban cinco minutos y si nos empataban, te repito, éramos boleta en el suplementario. Me acuerdo que miro para atrás y lo veo al viejo, blanco, pálido, con los ojos desencajados, pobrecito, pero vivo. Y ahora yo te digo, te digo y me gustaría que me contesten todos esos que ahora dicen que fue una hijaputez lo que hicimos con el viejo Casale ese día. Me gustaría que alguno de esos turritos me contestara si alguno de ellos lo vio como lo vi yo al viejo Casale cuando el referí dio por terminado el partido, hermano. Que alguno me diga si, de puta casualidad, lo vio al viejo Casale como lo vi yo cuando el referí dio por terminado el partido y la cancha era un infierno que no se puede describir en palabras. Te digo que me, gustaría que alguien me diga si alguien lo vio como lo vi yo. ¡La cara de felicidad de ese viejo, hermano, la locura de alegría en la cara de ese viejo! ¡Que alguien me diga si lo vio llorar abrazado a todos como lo vi llorar yo a ese viejo, que te puedo asegurar que ese día fue para ese viejo el día más feliz de su vida, pero lejos lejos el día más feliz de su vida, porque te juro que la alegría que tenía ese viejo era algo impresionante! Y cuando lo vi caerse al suelo como fulminado por un rayo, porque quedó seco el pobre viejo, un poco que todos pensamos; “¡qué importa!” ¡Qué más quería que morir así ese hombre! ¡Esa es la manera de morir para un canalla! ¿Iba a seguir viviendo? ¿Para qué? ¿Para vivir dos o tres años rasposos más, así como estaba viviendo, adentro de un ropero, basureado por la esposa y toda la familia? ¡Más vale morirse así, hermano! Se murió saltando, feliz, abrazado a los muchachos, al aire libre, con la alegría de haberle roto el orto a la lepra por el resto de los siglos! ¡Así se tenía que morir, que hasta lo envidio, hermano, te juro, lo envidio! ¡Porque si uno pudiera elegir la manera de morir, yo elijo ésa, hermano! Yo elijo ésa.

Roberto Fontanarrosa

Read Full Post »

foto-blog-16-7-07.jpg

¿Te sucedió que pasaste por una situación y cuando tuviste que volver a vivirla actuaste de manera diferente?¿Te pasó que teniendo que actuar de la misma manera, actuaste de manera diferente para hacerlo mejor o peor?¿Por qué cambiaste la actitud o la forma de actuar? ¿Por qué creciste o solo porque consideraste tus opciones de manera mas amplia a la primera vez que tuviste que vivir esa situación?

¿Y si todo lo que importa, en determinadas situaciones son los propios sentimientos para movernos y actuar?

Creo que aquello que hace que actuaemos en determinadas ocasiones, son las situaciones límites o aquellas que nos ponen a prueba como personas. Quizás en esas situaciones definimos nuestra forma de actuar de acuerdo con una seria indefinida de factores, que nosotros establecemos cuales tomaremos en cuenta para tomar las decisiones en esta situación que nos toca vivir.

 No estoy siendo muy claro para lo que quiero decir, porque es muy personal lo que quiero expresar, y verdaderamente hacer un mea culpa de algunas cosas que me están dando vuelta en la cabeza y en el corazón.

La situación en todos los casos es la misma: Un ser querido enfermo, con pocas probabilidades de salvarse. Como dije en algunos post anteriores, me resultaba muy difícil enfrentar la situación de “la huesuda”, dando vueltas por la zona y mas todavía si llevaba todas las de ganar y el partido terminaría en pocos momentos.

Entonces lo que hacía normalmente era tratar de evitar la situación de tener que ir a visitar a las personas que quería, que estaban muy enfermas o estaban mal. Cuando las iba a visitar lo que trataba de hacer, era estar el tiempo mínimo y necesario, para que me pudieran ver y sintieran como que me estaba preocupando por ellos.

Llamaba a los que los estaban cuidando y hablaba con ellos y les decía que me contaran o me dijeran como estaban. Hasta en algunos casos ni siquiera hablaba por teléfono, preguntaba por otras personas. Me sentía culpable de que estuvieran enfermos y yo no poder hacer nada como para solucionarles esa situación (con el tiempo me dí cuenta que era una pavada). Y que lo único que perdía era la posibilidad de estar con aquellos que amaba.

Muchas veces con mi abuelo Raúl, que era una persona sumamente independiente y única, esa situación de verlo postrado en una cama y verlo tan débil, era lo que me alejaba de ir a verlo. No podía aceptar la situación de ver a esa persona en esa situación, no era algo que pudiera aceptar. Quizás esa situación fue la que me llevó, a acercarme una vez mas a tratar de sacarlo de ese lugar un poco mas de tiempo, para tenerlo para mí (¿que forma egoísta de ver el tema no?) y disfrutarlo.

Para eso trate de que me contara su vida (con todos las situaciones que el me quisiera contar) y así tratar de levantarlo de la cama y que pudiera disfrutar un poco mas de sus nietos. Con el tiempo me día cuenta de todo lo importante que fue para él esto. Para mi fue la única forma que encontré de acercarme a él. Aunque era re apegado a él, eso mismo fue lo que me alejo en los momentos en los cuales lo veía débil y desprotegido.

La misma situación se dió algunos años después con otro de mis abuelos, con Vicente (abuelo de mi papá). Podría decir que era menos apegado a él, lo quería de una manera diferente, no menos o más, era distinto. Una relación mas distante, menos demostrativa, quizás menos afectuosa pero con el mismo respeto y amor que los otros. No se como describirlo pero era mas o menos de esa manera.

La enfermedad que tenía era bastante más complicada que la de Raúl, y necesitaba más de mi persona. Quizás era mi forma de tratar de cambiar mi postura ante “la huesuda”, quizás haya sido la forma de hacerme cargo por otros. Quizás sin quererlo me hice cargo de la situación. Para mi era demasiado débil y estaba demasiado asustado con lo que pasaba y necesitaba de una compañía, quizás era la forma de recuperar ese tiempo que no le había dado cuando era mas joven y estaba ocupado en otras cosas.

Nunca le pregunté si el había estado al lado de mi cama, cuando era un bebe y me había quemado. ¿Fue una devolución de cariños y de tiempos para recuperar juntos?

Lo acompañé todo el tiempo que estuvo de charlas con “la huesuda”, le dí algunos gustos sin que los médicos se enteren y traté de hacerle el último viaje lo mas placentero posible (aquí no aplica esta palabra).

Pero creo que todo lo que me movió para hacer esto, fue la situación general y mi situación particular. Mis sentimientos hacía él y mi necesidad personal de redimir mis culpas internas, por situaciones anteriores.

Determinadas situaciones hacen que actuemos de maneras extrañas o diferentes. La misma situación hace que actuemos de maneras distintas, ni mejor ni peor, sino de manera diferente, de acuerdo como estemos preparados para afrontarlos.

Si logramos vencer nuestros miedos, para enfrentar estas situaciones, podremos decir que hemos crecido y pasado al siguiente nivel. Y quizás el brillo de nuestros ojos sea un poco más profundo, y un poco más enigmático para los demás. Y esto nos prepare para tener una mejor predisposición a enfrentar esta situación mejor aprendida.

“…Hoy, que claro ve la cosas que ayer no vio, ni va a exigir, sobre su pena se posa; quiere entender para seguir…..”  Gonzalo  

Read Full Post »

Esta pequeña historia la encontré en algún archivo perdido. Esto es lo primero que escribí en mi vida,  es un poco raro leer cosas que uno escribió cuando apenas tenía 18 añitos, pero bueno, espero que lo disfruten.                              

en-el-limbo.jpg

 

  Suciedad, ignorancia, bajeza, ignorancia, comprensión, que más podemos pedir en este mundo dentro de otro mundo tal como lo vemos. Me levante esa mañana y ya sabía lo que tenía que hacer con mi cuerpo, vestirme lo mas normal posible, zapatillas viejas, jeans y rotos si fuera posible, no oro, no ostentación, no ser mas que los demás.                        Caminé esa mañana por la vereda que caminó todas las mañanasPara ir a trabajar, pero esa mañana era diferente, porque viviría un día entero sobre ruedas. Llegue a la estación temprano, mejor dicho de madrugada, no era de día solamente la luna contemplaba nuestras caras de sueños perdidos hacía pocos minutos en camas totalmente diferentes. Madrugada  6.10 A.M., estación (no sería ético dar nombres porque a esta hora en todas las estaciones que quedan, en todas las provincias, pasa lo mismo), no mucha gente, los laburantes de verdad, no movicom, no anillos de oro, no manicura, no gimnasio, no felicidad palpable en los rostros curtidos por el sol en verano y el frió helado en invierno.Me acerque a la bonetería y me recibió esa persona tan conocida por mi, pero yo para el era nada mas que otro cordero transportado sobre rieles. Lo miré y ví un autómata con cerebro y sentimientos, no muy grandes pero sentimientos al fin, no para conmigo ni ninguna de las personas que compran, compraron y compraran boletos durante toda su vida. Me dio el boleto y el cambio obligado por haber pagado con un peso, en ese momento me sentí tan autómata y sin cerebro como él.Rétiro ida!- Siempre la misma frase, ya me ponía nervioso repetirlas todos los días de mi vida. 6.15 A.M. Caminé unos diez pasos, estaba dormido todavía, y me encontré con la otra parada obligatoria de todas las mañanas, el quiosco de diarios.Ahí encontré una o muchas de las respuestas de sucesos de esta sociedad de mierda, no se si se puede explicar una sociedad por las revistas pero si se la puede identificar.Miré el quiosco, no lo podía creer, estaban todas las revistas de los jueves, Caras, Gente y todas esas boludeces o revistas de actualidad como las quieras llamar, donde el tipo mas hijo de puta del mundo se muestra en su casa en punta del este con su gato de turno, o donde vemos la realidad o la pobreza por la vista hipócrita de la clase alta o los funcionarios de turno.6.23 A.M. Es el ambiente, o la cara, el aspecto o la forma de ser del mundo lo que me tiene mal, no lo sé. Pero no logré lo que me había propuesto antes de subir al tren.Muchas caras de sufrimiento en ese vagón, miro hacia la derecha y la vista se nubla un poco, no encuentro las caras que estoy deseando ver, el humo de cigarrillo es demasiado espeso para mis ojos irritados, después de una noche agitada y con muchos sueños algunos buenos y otros no tanto.Por fin mis ojos se acostumbran a la luz y puedo ver lo que tanto deseo ver, algunos durmiendo, otros apoyados contra las puertas otros contra los asientos, otros fumando.Aquí no hay Marlboro o Parisienes o Parliament, aquí hay humo de cigarrillo barato, olor de vino barato, olor a desodorante barato aunque en ciertos lugares tampoco había eso, también hay olor a vida barata pero no siempre es peor que la vida con olor a perfume Kenzo de última moda. 6.25 Próxima estación, no lo sé, creo que ya lo he visto todo por este día no es la gente que entra o la gente que sale, la gente que vive de los trenes para los trenes, con los trenes o por los trenes ellos seguirán andando hasta que la gente los tome o hasta que el estado no los quiera mantener mas.Creo que en este mundo pequeño pero indiscutiblemente parte de este mundo, encontramos a todas las clases sociales, encontramos códigos, códigos de los linyeras, códigos de los chicos que pasan repartiendo estampitas, códigos de las personas que pasan vendiendo porquerías o cosas útiles, códigos de los baños, donde te chupan la pija por dos pesos o donde los pibes pueden conseguir yerba o un raviol por algo de billetes, no me importa eso, lo que si me importa es que no me siento seguro en ese ámbito y aunque parezca una locura se que seguiré tomando el tren por muchos años mas.6.30 Me bajé en la otra estación, no muy lejos de casa, decidí volver caminando.No estoy arrepentido de haberme levantado, porque aunque se que mi novia en este momento no sabe donde estoy confía en mi, me gusto levantarme temprano conocer gente nueva y darme cuenta de una cosa, que aunque a toda esta gente se la discrimine algunas veces, creo que vale mas la mano de una de estas personas que algunas de las casas de estos hijos de puta que viven mostrándola para la revista Caras. Pero bueno ya sabemos como es este país, lo único que espero es que cuando crezca el sistema no me trague y tenga el sufiente coraje para invitar a mí Esposa a compartir una noche de placer fuera de casa. Vivimos en un mundo material y en un mundo dominado por el dinero y la codicia aunque lo que mas vale para mi en este mundo, es el amor de la mujer que amo y su fidelidad permanente. GONZALO

Read Full Post »

mafis-fin.jpgmafis-fin.jpgmafis-fin.jpg 

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en el centro de la misma colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de platanos. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.  

Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros no paraban de golpearle ¡¡¡ Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos.(no son tontos….)

Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos.  La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros monos, quienes le dieron una tremenda paliza.

 Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera (aunque nunca supo porque le pegaban).  Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo.

El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. 

Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas. 

Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería:  NO SÉ, LAS COSAS ¡SIEMPRE SE HAN HECHO ASÍ , AQUÍ!  

¿Por qué estamos haciendo las cosas de una manera, si a lo mejor las podemos hacer de otra? A nuestra manera y mejor. PENSALO.  

“Solo hay dos cosas infinitas en el mundo: el universo y la estupidez humana..» Albert Einstein 

  Gonzalo

Read Full Post »